Este era mi perrito Norton
Nos dejo a los 13 años por un tumor en el paladar pero mientras vivió fue el alma de la casa y mio, fue el rey mimado de la casa hasta sus últimos días, espero haberlo hecho bien. La verdad es que se le hecho mucho de menos y por eso quiero hacerle un homenaje poniendo sus fotos para que todo el mundo lo vea y aprecie lo bonito que era. Estarás siempre en mi corazón, te extraño mucho. Tu mamita Silvia.



Nuestro querido Norton…
Era el perrito mas mimado del pueblo con diferencia *^.^* Lo hicisteis muy bien.
Siempre recordaré cuando me pisoteaba en el coche y cuando me despertaba por las mañanas… Para ser tan pequeño pesaba mucho
Siempre le recordaremos con cariño…
Para el son las primeras lagrimas del año…
Un besote,
Thais.
SILVIA
SOY EL PAPA DE JOSEFINA ,Y REALMENTE ES MUY DURO SABER QUE NO LO TENES FISICAMENTE ,PERO DESDE DONDE ESTE ,Y SEGURO CON ANGELITOS A SU ALREDEDOR ,TE ESTARA GUIANDO ,EN TU CAMINO ,Y EN ALGUN MOMENTO TE DARA UNA SEÑAL,QUE SE HARA SENTIR ,ENTONCES BUENO ,ESE ES NORTON
YO NO ME ACOSTUMBRO A ESTAR SIN MI JOSE ,PERO SE QUE ESTA EN EL CIELO ,CON TODO LOS PERROS QUE VAN HACIA ALLA, PORQUE ES EL UNICO LUGAR QUE SE MERECEN
TE DECEO LAS MAXIMA DE LAS FUERZAS PARA PODER SUPERAR ESE DOLOR QUE ES LA PERDIDA DE UN SER, SOLAMENTE COMPARABLE CON UN HIJO
ANGEL DE CAPITAL FEDREAL
Qué hermoso era Norton!!!Te felicito por haberlo cuidado tan bien.Y por tu gran sensibilidad. Seguro el te está viendo desde el cielo de los animales.Einstein decía algo muy cierto: – “Yo no se si los animales piensan, pero se que sufren, por eso los considero mi prójimo”. Ellos son nuestras amadas mascotas, parte de nuestra familia. Saludos desde Buenos Aires.
Elegía en la muerte de un perro (poema de Miguel de Unamuno).
La quietud sujetó con recia mano
al pobre perro inquieto,
y para siempre
fiel se acostó en su madre
piadosa tierra.
Sus ojos mansos
no clavará en los míos
con la tristeza de faltarle el habla;
no lamerá mi mano
ni en mi regazo su cabeza fina
reposará.
Y ahora, ¿en qué sueñas?
¿dónde se fue tu espíritu sumiso?
¿no hay otro mundo
en que revivas tú, mi pobre bestia,
y encima de los cielos
te pasees brincando al lado mío?
¡El otro mundo!
¡Otro… otro y no éste!
Un mundo sin el perro,
sin las montañas blandas,
sin los serenos ríos
a que flanquean los serenos árboles,
sin pájaros ni flores,
sin perros, sin caballos,
sin bueyes que aran…
¡El otro mundo!
¡Mundo de los espíritus!
Pero allí ¿no tendremos
en torno de nuestra alma
las almas de las cosas de que vive,
el alma de los campos,
las almas de las rocas,
las almas de los árboles y ríos,
las de las bestias?
Allá, en el otro mundo,
tu alma, pobre perro,
¿no habrá de recostar en mi regazo
espiritual su espiritual cabeza?
La lengua de tu alma, pobre amigo,
¿no lamerá la mano de mi alma?
¡El otro mundo!
¡Otro… otro y no éste!
¡Oh, ya no volverás, mi pobre perro,
a sumergir los ojos
en los ojos que fueron tu mandato;
ve, la tierra te arranca
de quien fue tu ideal, tu dios, tu gloria!
Pero él, tu triste amo,
¿te tendrá en la otra vida?
¡El otro mundo!…
¡El otro mundo es el del puro espíritu!
¡Del espíritu puro!
¡Oh, terrible pureza,
inanidad, vacío!
¿No volveré a encontrarte, manso amigo?
¿Serás allí un recuerdo,
recuerdo puro?
Y este recuerdo
¿no correrá a mis ojos?
¿No saltará, blandiendo en alegría
enhiesto el rabo?
¿No lamerá la mano de mi espíritu?
¿No mirará a mis ojos?
Ese recuerdo,
¿no serás tú, tú mismo,
dueño de ti, viviendo vida eterna?
Tus sueños, ¿qué se hicieron?
¿Qué la piedad con que leal seguiste
de mi voz el mandato?
Yo fui tu religión, yo fui tu gloria;
a Dios en mí soñaste;
mis ojos fueron para ti ventana
del otro mundo.
¿Si supieras, mi perro,
qué triste está tu dios, porque te has muerto?
¡También tu dios se morirá algún día!
Moriste con tus ojos
en mis ojos clavados,
tal vez buscando en éstos el misterio
que te envolvía.
Y tus pupilas tristes
a espiar avezadas mis deseos,
preguntar parecían:
¿Adónde vamos, mi amo?
¿Adónde vamos?
El vivir con el hombre, pobre bestia,
te ha dado acaso un anhelar oscuro
que el lobo no conoce;
¡tal vez cuando acostabas la cabeza
en mi regazo
vagamente soñabas en ser hombre
después de muerto!
¡Ser hombre, pobre bestia!
Mira, mi pobre amigo,
mi fiel creyente;
al ver morir tus ojos que me miran,
al ver cristalizarse tu mirada,
antes fluida,
yo también te pregunto: ¿adónde vamos?
¡Ser hombre, pobre perro!
Mira, tu hermano,
ese otro pobre perro,
junto a la tumba de su dios, tendido,
aullando a los cielos,
¡llama a la muerte!
Tú has muerto en mansedumbre,
tú con dulzura,
entregándote a mí en la suprema
sumisión de la vida;
pero él, el que gime
junto a la tumba de su dios, de su amo,
ni morir sabe.
Tú al morir presentías vagamente
vivir en mi memoria,
no morirte del todo,
pero tu pobre hermano
se ve ya muerto en vida,
se ve perdido
y aúlla al cielo suplicando muerte.
Descansa en paz, mi pobre compañero,
descansa en paz; más triste
la suerte de tu dios que no la tuya.
Los dioses lloran,
los dioses lloran cuando muere el perro
que les lamió las manos,
que les miró a los ojos,
y al mirarles así les preguntaba:
¿adónde vamos?
__________________
La pronfunda e inacabable tristeza de perderlos sólo cede ante la oportunidad de haberlos sobrevivido: ellos no sabrían qué hacer sin nosotros. Gracias a Dios por haberme permitido sobrevivir a mi maravilloso compañero.